esa noche estábamos en la casa abandonada. no voy a decir los nombres de las dos personas que estaban conmigo. no por protegerlas, sino porque no las recuerdo. afuera nos estaban esperando, así que decidimos salir por la puerta de atrás y nos separamos para que no pudieran encontrarnos. trepé a un árbol y me escondí entre las ramas. bajé, algunas horas más tarde, con el temor de que pudieran reconocerme por el uniforme de educación física. caminé por el pueblo evitando las miradas, pasé por debajo de puentes y rincones apenas iluminados por luces anaranjadas, hasta que llegué, ya de día, a la autopista. estaba descalza y caminábamos en fila por entre los autos, pero finalmente llegué a la calle cabildo. estaba nublado. entré en una galería muy iluminada. mirándome en el reflejo de las vidrieras, me acomodé el vestido gris con flores rojas y me arreglé el pelo mojado para no levantar sospechas, a pesar de que seguía descalza. cuando llegué a casa, ya era de noche, nuestra habitación estaba oscura, la única luz provenía de la pantalla encendida. había alguien que yo no conocía durmiendo en mi cama, pero no me importó, porque ahí ya no me buscaba nadie.