hice con mi nombre un cartel de neón de dos metros y lo colgué justo frente a la puerta de tu casa. lo inmortalicé con aerosol en todas las paredes de tu barrio. escribí cincuenta veces mi firma, por las dudas, si se te olvida leerla una vez, tendrás cuarenta y nueve oportunidades más. lo anoté en cada etiqueta, en cada margen, de cada hoja, de cada cuaderno. lo cosí en todos los bolsillos de todas tus camisas. me lo tatué en la frente, para que sea lo primero que veas, si la vida decide cruzarnos.

no espero que mi nombre sea lo primero que recuerdes al abrir los ojos cada mañana de tu vida pero ¿algún día me harás el favor de aprender a escribirlo correctamente?